Dictados:
Diptongos,
triptongos e hiatos
Junto a mí, un
viajero anciano valida su tarjeta de embarque y la de su hijo, de unos treinta
o cuarenta años, mientras espero mi turno. Observo que están nerviosos y
preocupados, les tiemblan las manos.
Una vez
realizados los trámites (rodeados de una multitud impaciente), aún falta media
hora para embarcar. Así que los tres nos reunimos y tomamos asiento en las
butacas situadas junto a la puerta de acceso. Apenas nos conocemos, pero aun
así, iniciamos un diálogo. Enseguida se impone la confianza y nos tuteamos.
Ahora trato de averiguar si mis conclusiones son ciertas, si lo que he deducido
de su comportamiento es real (aunque con cierta prevención, por si les molesta
mi curiosidad).
— ¿Tenéis miedo a volar?
— Sí, y no puedo evitarlo. Cuando el avión
aterrice, sé que si se balanceara sentiría pánico. Siempre pienso en mi
interior, para autoconvencerme, «no pasará nada, no pasará nada». Puede parecer
tragicómico, pero es lo que siento.
— A mí también me pone muy nervioso, mi
corazón se acelera cuando vuelo, siempre, en cada ocasión. Y también me digo a
mí mismo «tranquilízate, no tiene por qué suceder ningún contratiempo».
En Internet no
solo leemos, también escribimos. Las webs incluyen espacios de participación
donde los lectores podemos expresar nuestras opiniones, compartir
conocimientos, solicitar servicios, etc. Esta es una característica de la
comunicación en Internet: los lectores podemos participar también como
escritores en muchos de los sitios en los que entramos.
Esta
característica no es propia solo de sitios como los foros o los blogs. Los
foros están pensados precisamente para que los usuarios conversen sobre
intereses comunes. Y en los blogs, los lectores pueden dejar sus comentarios
sobre lo que escribe el administrador del sitio.
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