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lunes, 21 de diciembre de 2015

2º Bachillerato. Texto y esquema de la modalización textual.

Felices Fiestas!!!!

Gran Ego, BORJA COBEAGA 17/09/2009

Como dato biográfico curioso, les puedo contar que trabajé durante varios años como realizador en el programa de televisión Gran Hermano. Aparte del aprendizaje profesional que supuso este trabajo, valoro mucho la oportunidad de haber podido observar a seres humanos encerrados en una casa, como si fuera parte de un experimento. No me refiero al tan cacareado "experimento sociológico" que intentaba dignificar y ensalzar las virtudes sociales del programa. Obviamente Gran Hermano no es ciencia, es espectáculo.

Sin embargo, algo se puede extraer del comportamiento humano si ves a una serie de individuos entre cuatro paredes durante semanas y semanas. El problema es que la clase de individuos que están dispuestos a entrar en la casa de Guadalix no son probablemente los más interesantes de observar. El hecho en sí de querer participar en este concurso define su personalidad a la perfección: exhibicionistas, vanidosos, melodramáticos y un sinfín de adjetivos que describen a la mayoría de concursantes del reality más longevo de nuestra televisión.
Ahora que comienza una nueva edición, quiero recordar varios rasgos de personalidad que observé en ese trabajo y que me han servido para escribir guiones y construir personajes de ficción. Aunque también han sido de utilidad para mi vida cotidiana. En Gran Hermano aprendí a desconfiar de aquellos que enarbolaban la bandera de la sinceridad. No sé ustedes, pero cada vez que oigo a alguien decir "yo voy siempre con la verdad por delante", me pongo a temblar. En primer lugar, porque no me lo creo; seguro que mienten más que hablan. Y en segundo lugar porque esa declaración de principios conduce a una barra libre para la falta de educación. El "es que soy sincero" justifica un montón de gestos groseros e innecesarios. Este mesianismo de la sinceridad es un rasgo frecuente en los concursantes. Como también lo es la continua referencia a la envidia. Ante cualquier crítica, el participante medio de Gran Hermano responderá: "Es que me tienen envidia". El tópico dice que la envidia es el deporte nacional. No estoy de acuerdo. Mucho más peligrosa que la envidia me parece la creencia de que uno es envidiado. No sé si tiene nombre (como lo tiene la gula, la ira o la hipocresía) pero habría que ponérselo. Es un cruce entre egolatría y manía persecutoria. También común a todos los concursantes es la obsesión con los espejos. Es cierto que la casa está llena de ellos (detrás están las cámaras que graban los acontecimientos del programa), pero el porcentaje de tiempo dedicado a mirarse en el espejo es brutal. Creo que pasan más tiempo observando su propio reflejo que mirando a sus compañeros.
Podemos llegar a pensar que estos rasgos sólo describen a los grandes hermanos pero es cierto que en la vida diaria nos topamos con comportamientos similares: personas que no hablan para comunicarse sino para escucharse a sí mismas, que ven conspiraciones contra ellos en todo momento, que tienden a hacer una tragedia de cada percance de su vida... Nos parecemos más de lo que creemos a esos tipos encerrados en una casa de la sierra madrileña.
I. Comentario crítico del texto (0-4 puntos) 
I.1. Establecimiento del tema del texto, breve resumen de su contenido y descripción y explicación de su esquema organizativo —partes temáticas constitutivas del texto y articulación de estas— (3 puntos). 
I.2. Explicación y valoración de las ideas expuestas a partir de la cultura del alumno y de su conocimiento del mundo (1 punto). El alumno realizará la valoración crítica del contenido y la expresará mediante secuencias expositivas y argumentativas; manifestará su adhesión o rechazo a las ideas expuestas por el autor, aportando nuevos argumentos a favor y/o en contra de aquellas, así como la justificación de la actualidad o vigencia del texto y su interés general o restringido según los potenciales destinatarios. Es necesario insistir, pues, en el hecho de que se trata de una pregunta sobre el contenido y las ideas del texto, y no sobre su forma. En ese sentido, la pregunta consta de varios apartados, que esquemáticamente podrían resumirse así: a) valoración de las ideas del autor, b) opinión del alumno/a sobre el tema que se aborda en el texto; y c) capacidad de asociación con hechos históricos o de actualidad relacionados.
II. Comente los aspectos más relevantes de la adecuación en el texto (2 puntos). La adecuación abarca, entre otros, los siguientes elementos de análisis: la intencionalidad o propósito comunicativo relacionados con la función lingüística dominante, la modalidad oracional y/o la modalización; la situación comunicativa, que se corresponde con un ámbito de uso concreto y que requiere de un determinado registro o variedad lingüística, así como de otras peculiaridades de variación diatópica y funcional que pudieran aparecer en el texto; el tipo de texto y el género discursivo, etc.
III. Analice la estructura morfológica de las palabras subrayadas (señalando lexemas y morfemas, e indicando el tipo de morfema) ; indique la categoría gramatical e identifique la clase a la que pertenecen las palabras según el procedimiento de formación o estructura (simple, derivada, etc.) (2 puntos). 



Plantilla modalización textual

jueves, 17 de diciembre de 2015

El texto argumentativo ( 4ºB- IES Vte Gandia)


Dejadme abajo vuestros comentarios y propuestas de tema para la argumentación junto a vuestro primer apellido. Felices fiestas!!!





Aquí os dejo un enlace com un ejemplo práctico y algunas pautas para construir un texto argumentativo:
http://www.apuntesdelengua.com/archivos/4ESO/textosargumentativos/Argumentacion.pdf

martes, 17 de noviembre de 2015

Blas de Otero



Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,
tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brizas y la rozas con tu beso.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso"
(Ángel fieramente humano, 1950,14.. Blas de Otero)

Jorge Luis Borges


Después de algún tiempo aprenderás la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni los regalos son promesas…
Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. Aprenderás que es uno mismo quien debe cultivar su propio jardín y decorar su alma, en vez de esperar que alguien le traiga flores.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza alta y la mirada al frente, con la gracia de una mujer y no con la tristeza de un niño y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos, y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.
Descubrirás qué se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges. Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias. .. Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza. Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.
Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo. .. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Si algo he aprendido en la vida, es que la mentira se pone en contra de quien la inventa.
Jorge Luis Borges

lunes, 16 de noviembre de 2015

lunes, 1 de junio de 2015

kevin johansen "vecino"

VECINO

Enfrente tengo un espejo que da un reflejo
Distorsionado que no soy yo
Y vernos sin entendernos,
Reconocernos sin conocernos
Es nuestra misión
Parece...

Me gusta pero me asusta
Me miro un toque y es suficiente pa' no matarme
Que cobarde
Mejor así no hay disputas
Sigo mi ruta siga la suya y a trabajar

Vecino reflejo de un espejo distorsionado
El pasto siempre más verde del otro lado
Yo soy aquel que no soy yo
Enfrente están nuestros puertos
Somos los tuertos de dos comarcas
Sin rey ni ley

Y en cuanto a la competencia
La incompetencia nos representa
Bien no cree usted kevin johansen vecino
Y solo por estar enfrente
No dignifica ni significa
Estar enfrentado
Que salado
La miopía de nuestro ser
No nos deja ver que desde el cielo estamos saldados.

Vecino reflejo de un espejo distorsionado
El pasto siempre más verde del otro lado
Yo soy aquel que no soy yo

Vecino lo abrazo con estos ojos ilusionados
Mirémonos bien de frente no de costado
Yo soy aquel, que no soy yo
Que no soy yo

Y si querés un puente
Te lo doy
Y si querés un puente dámelo
Y si querés un puente dámelo
Y si querés un puente te lo doy

Vecino reflejo de un espejo distorsionado
El pasto siempre más verde del otro lado
Yo soy aquel que no soy yo

Vecino estrello mi ego
Deje el suyo de lado
Solo por estar enfrente
No hay que enfrentarnos
Yo soy aquel que no soy yo.


1. Tema
2. Analisis del contenido (estructura interna)

viernes, 15 de mayo de 2015

Cuento para 3º: La gallina degollada. Horacio Quiroga

La gallina degollada
de Horacio Quiroga






Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años, y el menor ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo: ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?
Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.
—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.
El padre, desolado, acompañó al médico afuera.
—A usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.
—¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que?...
—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar bien.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente amanecía idiota.
Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.
Mas, por encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más. Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros hijos, ¿me parece?
—Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.
Esta vez Mazzini se expresó claramente:
—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!... —murmuró.
—¿Qué, no faltaba más?
—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.
Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.
—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como quieras; pero si quieres decir...
—¡Berta!
—¡Como quieras!
Este fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo.
No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban casi todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia.
De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.
Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.
—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces?. . .
—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.
Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!
—Ni yo, jamás, te hubiera creído tanto a ti. . . ¡tisiquilla!
—¡Qué! ¿Qué dijiste?...
—¡Nada!
—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!
Mazzini se puso pálido.
—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!
—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!
Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto hirientes fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar frescura a la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...
—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.
Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.
—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!
Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron;, pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto, algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero faltaba aún. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.
Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio , y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.
Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente, sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.
—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.
—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.
—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.
—Me parece que te llama—le dijo a Berta.
Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Bertita a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.
—¡Bertita!
Nadie respondió.
—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.
Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.
Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:
—¡No entres! ¡No entres!
Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

miércoles, 29 de abril de 2015

La venganza de Don Mendo

La venganza de Don Mendo. Pedro Muñoz Seca.
1. Biografía del autor.

Pedro Muñoz Seca nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) En 1881. Viaja a Sevilla para estudiar Derecho y Filosofía y Letras para, posteriormente, recalar en la capital de España. En Madrid le esperarían momentos difíciles, pero tras entrar en el bufete de Antonio Maura consiguió el puesto de Jefe de Negociado en la Comisaría General de Seguros. La venganza de don Mendo (1918) es quizá su obra más famosa y hoy en día se representa frecuentemente en ciudades de todo el mundo. Su producción literaria es amplísima y en total escribió más de trescientas obras teatrales. Era conocido su antirrepublicanismo, elemento este que será determinante en su vida, pues Pedro Muñoz Seca muere en 1936 a manos de las tropas leales a la República. Otras obras del autor son: El verdugo de Sevilla (1916), La oca (1931), El conflicto de Mercedes (1922), o Anacleto se divorcia (1932).

2. Contexto literario de la obra.

Pedro Muñoz Seca fue un autor muy aplaudido en su tiempo y creó lo que pasó a denominarse astracán. Lo cierto es que este género teatral se caracteriza por su dudosa literariedad, si bien, esto no importó a un público que parecía carecer de un gusto refinado para con el teatro. El astracán se impone en las tablas madrileñas a partir de 1915 y durante aproximadamente una década cosecha notable éxito. Junto a Muñoz Seca, triunfan en estos años autores como Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero. Este grupo de escritores hará un teatro esencialmente lúdico cuyo propósito no es otro que el de entretener a un público poco exigente que no presta demasiada atención a la calidad literaria de las obras.

3. Comentario de la obra.

En palabras de Nicolás González Ruiz: ‘la peculiaridad del astracán consiste en llevar el convencionalismo [...] y dejarlo descarnado ante el público’. No podemos obviar lo que Francisco Ruiz Ramón (uno de los más eminentes críticos teatrales del siglo XX) ha dicho al respecto: ‘El astracán supone como causa final el retruécano, al cual se supedita la acción, las situaciones y los personajes desarticulados y vueltos a articular en función de aquél’. El retruécano es una figura retórica que consiste en invertir los términos de una proposición para que se origine un contraste que haga, por lo menos, sonreír al espectador. He de reseñar aquí, que esta obra no se caracteriza por ser una de las grandes contribuciones de la Literatura Española a la Literatura Universal, pero si algún mérito tiene esta obra de Muñoz Seca es el suntuoso y fácil manejo que del idioma hace el autor, y los entendidos de la fiesta taurina comprobarán que muchas son las referencias y guiños al espectador mediante el empleo del lenguaje propio de la tauromaquia. Además, y en gran parte por ser una obra compuesta en verso, el ritmo de la frase discurre fácil y con notable gracia en muchísimos momentos, como por ejemplo en la descripción que se hace del juego de las siete y media. La venganza de don Mendo es, sobre todo, una parodia de los dramones históricos románticos en la que muere hasta el apuntador. Lo propio del astracán es la radicalización, así el drama histórico ha sido rebajado hasta convertirse en una farsa burlesca plagada de anacronismos. No debe pensarse por esto que es una obra aburrida, lo cierto es que se trata de una obra teatral brillante que divierte a todo aquél que asiste a su representación.El protagonista, don Mendo, es el héroe tradicional del Romanticismo que, en este caso, recoge los frutos del engaño del que es objeto. Muñoz Seca parodia a la dama que, en la tradición literaria, se mantiene fiel a sus sentimientos; así, nos muestra a una dama que reniega del amor del noble amante don Mendo por la holgura económica que le promete su casamiento con el duque de Toro.

Modernismo PPT


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martes, 28 de abril de 2015

Miguel de Unamuno "Niebla"

Miguel de Unamuno
Niebla (fragmento)



Mientras iba así hablando consigo mismo cruzó con Eugenia sin advertir siquiera el resplandor de sus ojos. La niebla espiritual era demasiado densa. Pero Eugenia, por su parte, sí se fijó en él, diciéndose: "¿Quién será este joven?, ¡no tiene mal porte y parece bien acomodado!" Y es que, sin darse clara cuenta de ello, adivinó a uno que por la mañana la había seguido. Las mujeres saben siempre cuándo se las mira, aun sin verlas, y cuándo se las ve sin mirarlas.
Y siguieron los dos, Augusto y Eugenia, en direcciones contrarias, cortando con sus almas la enmarañada telaraña espiritual de la calle. Porque la calle forma un tejido en que se entrecruzan miradas de deseo, de envidia, de desdén, de compasión, de amor, de odio, viejas palabras cuyo espíritu quedó cristalizado, pensamientos, anhelos, toda una tela misteriosa que envuelve las almas de los que pasan.
(...)
El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitum, me enseñó el padre Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum. Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también.
"

El Poder de la Palabra

miércoles, 15 de abril de 2015

Eduardo Galeano




El descubrimiento»

En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos,
descubrieron que existía el pecado,
descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

Eduardo Galeano

De: Los hijos de los días
Ed. Siglo XXI de España Editores, 2012©
ISBN: 978-84-323-1627-2





http://elpais.com/diario/1996/12/26/opinion/851554801_850215.html

Marzo
20
El mundo al revés
El 20 de marzo del año 2003, los aviones de Irak bombardearon los Estados Unidos.
Tras las bombas, las tropas iraquíes invadieron el territorio norteamericano.
Hubo numerosos daños colaterales. Muchos civiles estadounidenses, en su mayoría mujeres y niños, perdieron la vida o fueron mutilados. Se desconoce la cifra exacta, porque la tradición manda contar las víctimas de las tropas invasoras y prohíbe contar las víctimas de la población invadida.
La guerra fue inevitable. La seguridad de Irak, y de la humanidad entera, estaba amenazada por las armas de destrucción masiva acumuladas en los arsenales de los Estados Unidos.
Ningún fundamento tenían, en cambio, los rumores insidiosos que atribuían a Irak la intención de quedarse con el petróleo de Alaska.
Los hijos de los días. Eduardo Galeano

La A tiene las piernas abiertas
La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno.
LA O círculo cerrado, te asfixia.
La R está notoriamente embarazada.
-Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas.
(Las palabras andantes) Eduardo Galeano.

Antonio Machado



 "Cantares" de Antonio Machado
Cantares...
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.


Antonio Machado
https://youtu.be/AlKqu_uHJTM

martes, 24 de marzo de 2015

Texto: La Plabra (Confieso que he vivido. Pablo Neruda, 1974)

La palabra

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recentísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

miércoles, 4 de marzo de 2015

El Debate : Fórmulas de interacción


El debate es un diálogo formal, de carácter argumentativo, en el que dos o más personas exponen su parecer sobre un determinado tema. El tema del debate debe ser potencialmente polémico, para que resulte posible la confrontación de opiniones.
En los debates cobra gran importancia la argumentación, a la que han de acudir los participantes para defender su punto de vista.
Entre los participantes en un debate destaca la figura del moderador, que, entre otras funciones, se encarga de controlar el turno de intervenciones y ceder la palabra a cada interlocutor, así como de procurar que los participantes se centren en el tema prefijado y expongan sus opiniones respetuosamente.
El desarrollo del debate ofrece, por lo general, la siguiente estructura:
  • Introducción. En ella el moderador presenta a los participantes y expone el tema que se va a debatir. Ejemplo:  “Nos acompañan hoy María Fernández y Claudio Lozano, dos expertos en el tema de la inmigración, en el que se va a centrar nuestro debate.
  • Exposición inicial. Cada participante enuncia su postura acerca del tema.
  • Discusión. Es la parte central del debate, en la que los interlocutores confrontan y argumentan sus opiniones.
  • Conclusión. Cada participante sintetiza su postura, que puede coincidir con la inicial o haberse visto modificada.
  • Despedida. Corre a cargo del moderador, que resume las opiniones expresadas y pone fin al debate.
Al conversar o participar en un debate, se deben expresar las propias opiniones procurando no herir la sensibilidad o las creencias de los interlocutores.
Para introducir nuestra opinión en un diálogo hay algunas fórmulas apropiadas que sirven para matizar los comentarios, insistiendo en el carácter subjetivo de las afirmaciones. Ejemplos:
  • En mi opinión…, A mi modo de ver…, Desde mi punto de vista…
Cuando haya que contraponer una opinión a la formulada por otro interlocutor, se pueden emplear algunas expresiones que contribuyen a atenuar la discrepancia, como las siguientes:
  • Estoy en parte de acuerdo contigo, pero…; Lamento no coincidir con la opinión de…

martes, 10 de febrero de 2015

Zola

ÉMILE ZOLA, GERMINAL ()
Émile Zola es otro de los grandes autores franceses del siglo  . Es el padre del Na t u r a l i s m o, c o r r i e n t e l i t e r a r i a q u e , i n f l u i d a p o r l a s i d e a s d e t e r m i n i s t a s de la ciencia de la época, considera que la novela debe ref lejar la realidad con absoluta objetividad. Ger minal (  ) es quizá su novela más famosa, y s i g u e p o r s u p u e s t o l o s p o s t u l a d o s n a t u r a l i s t a s. C u e n t a l a h i s t o r i a d e É t i e n n e L a n t i e r, u n j o v e n q u e l l e g a a u n p o b l a d o m i n e r o e n b u s c a d e e m p l e o y h a d e sufrir las nefastas condiciones de los trabajadores del carbón en el Norte de Francia. En este fragmento se advier te cómo las circunstancias sociales y económicas rigen la conducta humana.

De Montsou al poblado, Étienne y Maheu no cruzaron una sola palabra. Cuando el último entró, la Maheude, que estaba sola con los niños, observó de inmediato que volvía con las manos vacías.
—¡Ah, qué amable has sido! —dijo—. ¿Y mi café, y mi azúcar, y la carne? Un
trozo de vaca no te habría arruinado.
Él no respondía, ahogado por una emoción que ocultaba. Luego, en aquel ros-
tro espeso de hombre endurecido en los trabajos de las minas, hubo un suspiro de desesperación y gruesas láminas brotaron de los ojos cayendo en una especie de lluvia cálida. Abatido en una silla, lloraba como un niño, arrojando los cincuenta francos sobre la mesa.
—¡Toma! —balbuceó—. ¡Ahí tienes lo que te traigo !... Es el trabajo de todos.
La Maheude miró a Étienne, lo vio mudo y abrumado. Entonces ella también
se echó a llorar. ¿Cómo vivir nueve personas con cincuenta francos durante quince
días? Su hijo mayor les había abandonado, el viejo no podía mover ya las piernas:
aquello suponía la muerte próxima. Alzire se arrojó al cuello de su madre, trastornada
por oírla llorar. Estelle gritaba, Léonore y Henri sollozaban.
Y pronto del poblado entero subió el mismo grito de miseria. Los hombres habían
regresado a sus casas y cada hogar se lamentaba ante el desastre de aquella mala paga.
Las puertas volvieron a abrirse y aparecieron las mujeres gritando en la calle, como
si sus quejas no hubieran podido resistir bajo el techo de las casas cerradas. Caía una
lluvia fi na, pero no la sentían, se llamaban desde las aceras y se mostraban el dinero
cobrado en el hueco de su mano.
—¡Mirad! Le han dado esto, ¿no es burlarse de la gente?

Émile Zola, Germinal
Germinal, trad. de Mauro Armiño,
Madrid: Alianza, , pp. –.

Del Renacimiento al Barroco: Un Análisis

  DEL RENACIMIENTO A EL BARROCO (diapositivas) by Msr.Flow