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martes, 10 de febrero de 2015

Zola

ÉMILE ZOLA, GERMINAL ()
Émile Zola es otro de los grandes autores franceses del siglo  . Es el padre del Na t u r a l i s m o, c o r r i e n t e l i t e r a r i a q u e , i n f l u i d a p o r l a s i d e a s d e t e r m i n i s t a s de la ciencia de la época, considera que la novela debe ref lejar la realidad con absoluta objetividad. Ger minal (  ) es quizá su novela más famosa, y s i g u e p o r s u p u e s t o l o s p o s t u l a d o s n a t u r a l i s t a s. C u e n t a l a h i s t o r i a d e É t i e n n e L a n t i e r, u n j o v e n q u e l l e g a a u n p o b l a d o m i n e r o e n b u s c a d e e m p l e o y h a d e sufrir las nefastas condiciones de los trabajadores del carbón en el Norte de Francia. En este fragmento se advier te cómo las circunstancias sociales y económicas rigen la conducta humana.

De Montsou al poblado, Étienne y Maheu no cruzaron una sola palabra. Cuando el último entró, la Maheude, que estaba sola con los niños, observó de inmediato que volvía con las manos vacías.
—¡Ah, qué amable has sido! —dijo—. ¿Y mi café, y mi azúcar, y la carne? Un
trozo de vaca no te habría arruinado.
Él no respondía, ahogado por una emoción que ocultaba. Luego, en aquel ros-
tro espeso de hombre endurecido en los trabajos de las minas, hubo un suspiro de desesperación y gruesas láminas brotaron de los ojos cayendo en una especie de lluvia cálida. Abatido en una silla, lloraba como un niño, arrojando los cincuenta francos sobre la mesa.
—¡Toma! —balbuceó—. ¡Ahí tienes lo que te traigo !... Es el trabajo de todos.
La Maheude miró a Étienne, lo vio mudo y abrumado. Entonces ella también
se echó a llorar. ¿Cómo vivir nueve personas con cincuenta francos durante quince
días? Su hijo mayor les había abandonado, el viejo no podía mover ya las piernas:
aquello suponía la muerte próxima. Alzire se arrojó al cuello de su madre, trastornada
por oírla llorar. Estelle gritaba, Léonore y Henri sollozaban.
Y pronto del poblado entero subió el mismo grito de miseria. Los hombres habían
regresado a sus casas y cada hogar se lamentaba ante el desastre de aquella mala paga.
Las puertas volvieron a abrirse y aparecieron las mujeres gritando en la calle, como
si sus quejas no hubieran podido resistir bajo el techo de las casas cerradas. Caía una
lluvia fi na, pero no la sentían, se llamaban desde las aceras y se mostraban el dinero
cobrado en el hueco de su mano.
—¡Mirad! Le han dado esto, ¿no es burlarse de la gente?

Émile Zola, Germinal
Germinal, trad. de Mauro Armiño,
Madrid: Alianza, , pp. –.

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